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Leí con sumo detenimiento el Libro. Me gustaron las anécdotas y las invitaciones abiertas a los procesos reflexivos que nos asoman por los umbrales de los confines del pensamiento lógico que infinito en apariencia, se muestra limitado. La cita del fragmento de Macbeth es mi preferida.
Me gusta leer los libros en un ejercicio de doble perspectiva. La estructura lógica de lo que se escribe y leo a través de las secuencias de letras que van dando forma a los conceptos repletos de palabras y a un tiempo, escudriñar las emociones del autor mientras escribe. Tratar de ver el mundo desde sus ojos y entender la historia desde los silencios, los espacios, las pausas. Esas partes no contadas, por donde vagan las ideas inconclusas, las soledades y el abandono de la mente, incapaz de explicar lo inexplicable. Ese es mi encuentro con el autor (mi parte preferida).
No comparto la incredulidad del optimismo como elección posible del albedrío ante la adversidad. como si el optimismo tuviera sólo cabida en los momentos de alegría y fuera imposible vivirlo en la adversidad.
La convicción de trascendencia es optimista por definición y nos ubica en un nivel de conciencia co-creadora de nuestra realidad donde la adversidad, el dolor y hasta la muerte misma son solo parte de nuestra experiencia vital.
El libro, a mi juicio, hace un buen ejercicio lógico y plantea las reflexiones suficientes para abrir paso, a un segundo libro: LA DIVINIDAD DE NUESTRA EXISTENCIA (Una experiencia mas allá de la mente)
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